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EEUU se apresuró a negar cualquier vínculo entre Irán y el espectacular ataque que tuvo como objetivo el domingo 5 de enero a una base estadounidense en Sima, Kenia y que se cobró la vida de tres estadounidenses, incluido un alto oficial militar y dos “subcontratistas”. Otros dos militares resultaron heridos. En una declaración emitida expresamente con tal fin, el Africom, el comando estadounidense en África, enfatizó en blanco y negro que el grupo Shebab, autor del ataque, no tiene vínculos con Irán.

En realidad, el espectacular ataque del 5 de enero contra una base de EEUU en Kenya sobrepasa las capacidades de una milicia terrorista, que sería además una criatura de la CIA.

En efecto, la base estadounidense fue atacada y varios aviones militares destruidos. Se trata de la base aérea Manda Bay, donde están posicionados centenares de soldados norteamericanos y aviones y drones de todo tipo. Tras haber negado pérdidas en un principio, EEUU ha finalizado por reconocer la muerte de tres estadounidenses, incluyendo un alto oficial. Entre los seis aviones destruidos por los somalíes están un C-146 Wolfhound y un avión espía De Havilland Canada Dash-8 utilizado por la CIA.

La torre de control y el radar del aeródromo y sus equipos de comunicación resultaron incendiados y el fuego duró varias horas retrasando la llegada de refuerzos de la Fuerza Aérea de EEUU.

El sitio ruso Avia.Pro compara este ataque por su ingeniosidad con el llevado a cabo por drones o misiles de crucero y no descarta ninguna hipótesis: “Las imágenes muestran un ataque contra una base militar norteamericana en Kenia y la amplitud de la destrucción es impresionante. Algunas fuentes afirman que es la presencia del general Stephen Townsend, jefe del Africom, la que había motivado este ataque, lo que supone un amplio trabajo de inteligencia que lo habría precedido”.

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